Miedo escénico: el oscuro secreto de la música clásica.

Traducimos hoy este interesante artículo publicado en The Telegraph. Algunos puntos me parecen exagerados, pero en general, se pueden sacar muchas y buenas conclusiones sobre el miedo escénico.

Si te interesa cómo enfrentar el miedo escénico no dejes de leer nuestro post Miedo escénico causas y cómo prevenirlo.

 

El caso de Steven Osborne

Pocos intérpretes lo reconocen, pero el miedo escénico es un verdadero problema para muchos músicos del mundo clásico.

El miedo escénico es como la locura, aparece sin previo aviso. Así fue como le ocurrió al pianista escocés Steven Osborne, uno de los  pianistas más inteligentes y sensibles del país. Hace unos diez años, mientras interpretaba el Concierto nº 23 de Mozart, empezó a sentir que iba a olvidarse de la siguiente nota.

“El sentimiento se volvió cada vez más y más fuerte”, recuerda ahora. “En realidad, no tuve ningún lapsus, pero sentía cómo el sudor crecía y se acumulaba justo debajo de mi nariz”. Osborne se sintió tan trastornado con esta experiencia, que acabó pidiendo ayuda a un terapeuta cognitivo. “Aprendí algunos trucos, como imaginar que estaba en un lugar encantador y tranquilo antes de cada actuación, por ejemplo, un campo lleno de flores. Esto ayudaba, pero nunca lo pensé que fuera una solución a largo plazo”.

Entonces, unos pocos años después, sobrevino el auténtico bombazo, durante una actuación, cuando tocaba el Concierto de Rachmaninov nº1. “Fue como un terremoto, porque en aquella ocasión sí que tuve lapsus de memoria, y esto me hizo pensar durante toda la actuación que iba a descarrilarme. Fue duro, y me siguió pasando. Comencé a preguntarme si mi carrera se estaba acabando. Cada vez, antes de subir al escenario, empezaba a pensar… ¿Cómo voy a tocar el piano, si va a pasarme esto de nuevo?”.

Nos pasa a muchos

Osborne no está sólo en su sufrimiento. Muchos músicos tienen miedos similares, y a menudo estos miedos implican síntomas físicos alarmantes como aceleración del pulso o temblor en las manos. Los intérpretes clásicos son especialmente propensos a ello, ya que la precisión y el virtuosismo son cualidades muy valoradas en su carrera. Si cometes un fallo en un grupo de jazz nadie lo tendrá en cuenta, pero hazlo en un cuarteto de cuerda y todo el mundo se fijará.

Como es de esperar, muchos músicos han preferido mantener sus problemas de miedo escénico en secreto, pero alguno que otro ha decidido hablar de ello. En su autobiografía, la brillante soprano americana Renée Fleming cuenta que su peor ataque de miedo escénico sobrevino después de ser abucheada a la salida de La Scala de Milán en 1998, teatro en el que acababa de actuar en el papel principal de Lucrecia Borgia, de Donizetti. Empezó a temblar, y continuó temblando durante días. Después de meses sobre el escenario, fue un auténtico tormento.

El pianista polaco-americano Leopold Gosowsky se ponía tan nervioso en el escenario que sólo podía tocar al máximo nivel en ambientes privados. Otro pianista, Vladimir Horowitz, es probablemente el que peor lo ha pasado en la historia. Dejó de tocar en varias ocasiones, incluso durante años, hasta el punto de perder su batalla con los nervios.

Abordar el miedo escénico

Toma de medicamentos

Hay varias maneras de abordar esta condición debilitante. Una de las más populares es también una de las más fáciles: tomarse un trago o una pastilla, como muchos músicos han hecho y aún siguen haciendo. El agotamiento que producen estos sentimientos de ansiedad pueden llevarnos cometer errores como estos. En 2012, una encuesta a músicos de varias orquestas alemanas reveló que casi un tercio de los músicos encuestados tomaban valium o beta-bloqueantes, ya que son más efectivos que el alcohol y con menos efectos secundarios.

El problema es que, además de parar los nervios, las pastillas o el alcohol también embotan nuestra inspiración y concentración para hacer una gran interpretación. Además, con ello se tratan los síntomas y no la causa, según Aaron Williamon, director del Centre for Performance Research at the Royal College of Music. “Básicamente hay dos componentes en el miedo escénico” dice “Está la respuesta fisicológica automática a una situación de estrés, cosas como la boca seca, el corazón acelerado y demás. Por otro lado tenemos los aspectos psicológicos, que incluyen pensamientos contraproducentes, como imaginar que la actuación va ser un desastre.

Otros métodos

La respuesta fisiológica puede reducirse con cosas como el ejercicio, que reduce la cantidad de hormonas del estrés, como el cortisol.” Dice Williamson “Para la respuesta psíquica,  la terapia cognitiva es muy efectiva. Es una manera de hacer ver la situación desde un punto de vista racional. Por ejemplo, en vez de pensar que el público es el enemigo, y que el intérprete será o bien perfecto o bien un desastre, entrenas al intérprete para que acepte que cometer fallos es algo normal e inevitable, y que la audiencia está de su lado.

Steven Osborne trató su miedo escénico de la misma manera en la que trata una pieza musical – como un interesante desafío ante el cual tiene que encontrar su propia solución. Nunca ha usado drogas y es un escéptico de los beneficios de la terapia cognitiva.

“Este es el método de la psicología deportiva: Deshazte de tu ansiedad y alcanzarás tu máximo nivel interpretativo.” nos dice. “Pero no estoy seguro de que esto sea válido para los músicos. Pasa por alto el hecho de que hacer música es una experiencia interior, haces que experiencias emocionales cobren vida para los demás, a través de tu cuerpo. Si dejas fuera ese lado de ti mismo, es que hay una gran gama de emociones que estás dejando fuera de rango”.

Los nervios son buenos

En lugar de esto, Osborne mantiene una opinión que puede parecer incluso perversa, trata al miedo escénico como a un amigo que necesita un abrazo. “No debes batallar con ello.” Dice “Creo que puedes enriquecerte con ello”.

¿Está defendiendo el viejo ideal romántico de “el sufrimiento por el arte de uno”? “No, de ninguna manera. De hecho, las veces que mejor he tocado han sido cuando menos ansiedad he tenido”

Así que, los nervios son buenos, en cierto modo, siempre y cuando no produzcan ansiedad. Estamos profundizando en una paradoja. Pero Osborne nos revela finalmente el hilo que nos llevará a salir de este lío. Unos años atrás, leyó en el periódico un artículo sobre Mindfulness (atención y conciencia plena), que tiene como objetivo centrarnos en el momento sin preocuparnos por el pasado  o planificar el futuro.

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“Parecía que encajaba conmigo, así que hice un par de cursos de ocho semanas. Lo que me gusta del Mindfulness es la forma en que nunca se fuerzan las cosas. Si pillas a tu mente dándole vueltas a algo, la dejas ir y observas a dónde se dirige. Nunca estamos contentos con las cosas que ocurren por sí mismas, siempre queremos forzarlas de esta o aquella manera. Observé mucho esto estudiando piano. Es impresionante la cantidad de agresividad que puedes desatar contra ti mismo cuando las cosas no te salen como tú quieres. Esto es muy contraproducente.”

Osborne ha visto la utilidad de esto al enfrentarse a piezas intratables. “Un ejemplo lo tenemos en Diversions de Britten, un concierto para mano izquierda y orquesta que tuve que grabar.” Dice “Un mes antes de la grabación había un par de cosas que simplemente no me salían. Me puse muy tenso, enfadado conmigo mismo. Entonces un día pensé, ¿a dónde me está llevando toda esta mala energía? Si estos compases no están perfectos, tampoco importa. No soy un neurocirujano, nadie va a morir. Así que, déjalo estar. Y lo más curioso es que unos días después encontré la solución a esos problemas.”

Al final la filosofía de moda se cae ante algo más bien anticuado: aceptar el mundo y a uno mismo, tal y como es.

“Sí, quiero decir que no pongas demasiada energía en hacer que algo desaparezca. La ansiedad y el miedo escénico, en el fondo, son una parte del yo. Creo que es más fructífero tratar con ello en buenos términos, igual que con todos los aspectos de la personalidad de uno mismo.”

Publicación: The Telegraph

http://www.telegraph.co.uk/culture/music/classicalmusic/10920925/Stage-fright-classical-musics-dark-secret.html

Autor: Ivan Hewett

Fecha: 26 junio 2014

Título original: STAGE FRIGHT: classical music’s dark secret

 

 

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2 comentarios

  • Pingback: Miedo escénico: el oscuro secreto de la música clásica. (traducción) | Gran Pausa

  • Muy bien el artículo! Verdaderamente es así.El miedo escénico es unas de las peores crisis que puede sufrir un artísta ,momentos previos a actuar. La parte psicologica juega a tal punto con nosotros mismos que nos pone en duda y lleva a replantearnos si lo que elegimos y hacemos es lo correcto, si en realidad estamos o somos capaces de dar lo mejor,lo que somos,arriba de un escenario.Olvidando a su vez, horas de práctica( que no son pocas) , el deseo de mostrar lo que se hace,lo lindo de la música en este caso y el disfrute y pasión que realmente se siente por ello.

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